El blog de los Caracoles Errantes

Viajando por largo tiempo llevando todo en nuestra espalda y nuestra casa es nuestra mochila

18 junio 2006

Medellin y sus alrededores
5 de mayo, 2006


Antes de partir

          El 19 de abril empezamos temprano el día, había muchos detalles que nos quedaban por ahí dando vueltas.  Un rápido desayuno.  El día era esplendoroso con un sol radiante en Anam Cara.  Ya pronto yo (Ricardo) me puse a pasar la brocha con el barniz a la puerta de la terraza, mientras Carlos daba sus últimas pasada a algunos vidrios para no dejarlos tan sucios.  Allá Jorge se fue a hacer un trabajito en un tubo de agua caliente para que no quedara estorbando en el nuevo ropero. 
Al rato Jorge se dio cuenta de que al conectar de nuevo el agua, comenzó a salir agua del tubo que había tapado hacía unos minutos y de pronto un gran charco se había formado en la cocina.  Tuvimos que cerrar definitivamente el agua para dejar que el pegamento secara bien y decidimos irnos sin bañar a casa de mis papás. 
Allá mamá nos esperaba con un almuerzo digno de ella, un delicioso Gallo Pinto, picadillo de papa, palmito, platanitos fritos con natilla y un delicioso fresco de cas.  Fue una despedida muy animada, llegó Carigo, Mau y Cata, todos amigos entrañables y muy hablantines lo cual hizo que pasáramos un rato inolvidable.


Vendedor de guarapo
(bebida de caña y limón)


Catedral de Medellín
(construida en ladrillo)

 

Despertar en Medellín

Pasadas las 6 de la mañana escuchamos un vendedor gritando por las calles: ¡Panochas de chócolo! ¡Las arepas! ¡Panochas de chócolo! ¡Las arepas!  ¡Las tortas, las ricas tortas!
¿Qué es eso?  Bueno, no tuvimos tiempo ni ganas de levantarnos para conocer que era, así que hicimos un plan para el día siguiente, prepararnos con la cámara para tomar un video y comprar esas “cosas” para probarlas.
Llegada la hora en que el vendedor pasaba escuchamos el anuncio gritado a viva voz:  ¡Panochas de chócolo!  ¡Arepas!   En ese momento Ricardo se levantó entre sueños como loco preguntando por la cámara y la plata, todo desorientado y sin gafas. 

  1. Carlos. ¿La plata?
  2. Jorge. ¿La cámara? ¿Las pilas?

En un santiamén encontró las cosas y corrió a abrir la puerta para gritarle al vendedor y con la ayuda de Lucía compraron la ansiada comida.  Eran 5 tortitas y una panocha por 4500 pesos colombianos.  La panocha es como una tortilla gruesa de maíz molido muy sabrosa y las tortitas estaban más deliciosas ya que son bolitas de maíz fritas parecidas a un tamalito, sirven para acompañar cuando se toma un perico (café con leche) o un tinto (café negro).  Gracias a este alboroto que hizo Ricardo pudimos acompañar nuestro desayuno con panochas y tortitas de chócolo.

Medellín

La ciudad de Medellín se caracteriza indudablemente por las colinas que rodean un valle y que se encuentran pobladas con construc-ciones hechas en su mayoría en ladrillo por lo que se nos ocurrió llamarla “la ciudad rojiza de América”.

Nos han parecido muy interesantes los contrastes de esta ciudad, por un lado encontramos una excelente infraestructura vial, hermosas edificaciones modernas o viejas, el metro  con su línea “metro-cable” única en América Latina y quizás una de las pocas en el mundo, hermosos parques como el de los Pies Descalzos y el de las Luces o el parque de las Esculturas de Botero.  Todo esto muestra una buena planeación urbana y una adecuada utilización de los recursos. 

 


Metro-cable


Adán y Eva de Botero

 

En contraposición se siente en la ciudad mucha inseguridad derivada de la delincuencia y la anarquía relacionada con problemas sociales muy complejos. 
Medellín es la capital de un gran departamento llamado Antioquia y a su gente les llaman con cariño “los paisas”.  Son cultos y se ve una alta promoción de la cultura para todos.  Hemos compartido con la familia de Adiela y con Jeannette, una linda amiga.  Ellos nos han tratado con mucha hospitalidad y nos han ofrecido de corazón todo lo que tienen, la mamá Lucía quizo en estos días tratarnos como sus hijitos adoptados y nos consentía y regañaba como a sus propios niños.  Esta familia es sin duda una muestra de esta cultura de hospitalidad antioqueña.
Medellín ha sido el inicio de nuestro viaje.  Quizás no ha sido la ciudad más tranquila para empezar pero Adiela y su familia nos han hecho sentir como en casa y nos han ayudado a cargar baterías para todo lo que viene en este extraordinario viaje. 

 


Viajando en chiva


Entrada al pueblo Guatapé (Antioquia)


Calles adornadas en Guatapé


El Peñol y el embalse en el campo antioqueño


Santa Fe de Antioquia


Gente amable y trabajadora
en Santa Fe de Antioquia

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2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Estoy intentando escribir un comentario. Ric

7:35 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

manito espero que te hayas tomado un guarapo por los tiempor idos...mazapa.

12:33 p. m.  

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